Paso 5: Cómo analizar el QRS y la progresión precordial en un ECG

El QRS mide 90 ms.

Perfecto. Pero eso no lo explica todo. Saber cuánto dura está bien, aunque la pregunta importante es otra: ¿los ventrículos se están despolarizando de la forma esperable?

Ese es el objetivo del paso 5 del método de 8 pasos de Cardiología sin Miedo.

Después de revisar la técnica, el ritmo, el eje y la relación entre la onda P y el PR, ahora toca mirar de lleno la activación ventricular. Y para eso hay dos cosas que no deben escaparse: la duración del QRS y su progresión en las derivaciones precordiales.

El QRS es la huella eléctrica de la despolarización ventricular

El complejo QRS representa la despolarización de los ventrículos.

Como la masa ventricular es mucho mayor que la auricular, el QRS suele verse más grande y llamativo que la onda P. En un corazón con conducción normal, esa activación ventricular ocurre con rapidez y de forma coordinada. Por eso una de las primeras preguntas de este paso es muy sencilla:

¿El QRS es estrecho o ancho?

¿Cuánto debería durar un QRS?

Como referencia práctica, consideramos normal un QRS menor de 120 ms.

A una velocidad de 25 mm/s, eso equivale a menos de tres cuadrados pequeños. Si necesitas medirlo, recuerda algo básico: el QRS se mide desde el inicio de la primera deflexión hasta el final de la última.

No hace falta medir todos los complejos que veas. Muchas veces basta con una valoración visual inicial. Si parece claramente estrecho, seguimos. Si parece ensanchado o genera dudas, entonces sí merece la pena medirlo.

¿Por qué importa que sea estrecho o ancho?

Porque la anchura del QRS te da una pista rápida sobre cómo está llegando y propagándose el impulso por los ventrículos.

Un QRS estrecho sugiere una activación relativamente rápida. Un QRS ancho indica que la despolarización ventricular está tardando más de lo esperado.

Y aquí conviene ser prudentes: QRS ancho no es todavía un diagnóstico. Es un hallazgo. Después habrá que integrarlo con la morfología del trazado, el ritmo y el resto del ECG.

No mires solo una derivación

Uno de los errores más frecuentes es fijarse en una derivación aislada y sacar conclusiones demasiado pronto.

Pero el ECG no muestra doce corazones distintos. Muestra la misma actividad eléctrica desde doce puntos de vista diferentes. Y eso se nota especialmente cuando recorremos las derivaciones V1 a V6.

Qué es la progresión precordial

Las derivaciones precordiales observan la despolarización ventricular en el plano horizontal.

Por eso no esperamos que el QRS tenga el mismo aspecto en V1 que en V6. Lo normal es que su morfología vaya cambiando a medida que avanzamos por el tórax. A ese cambio progresivo lo llamamos progresión precordial.

Dicho de forma simple: cuando vamos de V1 hacia V6, la onda R suele ir ganando protagonismo y la onda S suele ir perdiéndolo.

Lo habitual en V1

En un ECG normal, V1 suele mostrar un QRS predominantemente negativo. Muchas veces veremos una pequeña R seguida de una S más profunda.

No hace falta memorizar todos los dibujos posibles. Quédate con la idea práctica: en V1 suele dominar la parte negativa.

La transición: cuando el QRS cambia de equilibrio

Al pasar por V2, V3 y V4, la onda R normalmente va creciendo y la S se va reduciendo.

Llega un momento en que ambas tienen un peso parecido. Esa zona se conoce como zona de transición, y suele encontrarse alrededor de V3–V4, aunque puede variar.

No hace falta que cada ECG cambie exactamente en el mismo punto. Lo importante es ver una evolución razonable.

Lo habitual en V5 y V6

Cuando llegamos a V5 y V6, lo normal es que el QRS sea predominantemente positivo, con una onda R más destacada y una S pequeña o poco profunda.

Si quieres resumir mentalmente la progresión precordial, puede servirte esta idea:

V1 más negativo → transición en torno a V3–V4 → V5–V6 más positivos.

Ese patrón general es mucho más útil que intentar aprender seis derivaciones como si fueran seis dibujos independientes.

¿Y si la R no progresa bien?

A veces recorres las precordiales y esa progresión no aparece como esperabas. La onda R no crece, la transición llega demasiado pronto o demasiado tarde, o el conjunto simplemente no encaja.

En ese caso puedes describir el hallazgo como progresión de R pobre o anómala.

Pero conviene quedarse primero ahí: en la descripción. Porque una progresión alterada puede deberse a diferentes causas, y entre ellas está también algo tan sencillo como una colocación incorrecta de los electrodos. Por eso el paso 1 sigue siendo importante incluso cuando ya estás analizando el QRS.

No todo QRS ancho es un bloqueo de rama

Este punto merece quedar claro.

Si un QRS mide más de 120 ms, puedes decir que está ensanchado. Eso es correcto.

Pero no deberías llamarlo automáticamente bloqueo de rama solo por eso. Para llegar a ese diagnóstico hay que estudiar la morfología concreta del complejo y comprobar si cumple criterios.

Primero describir → después reconocer patrones → por último integrar.

Una rutina sencilla para el paso 5

Cuando llegues al QRS, puedes seguir esta secuencia:

duración → anchura → morfología → V1 → transición → V5–V6.

Primero decides si el QRS parece estrecho o ancho; después observas su forma general y recorres las precordiales para comprobar si existe una progresión razonable de la R. Si algo llama la atención, entonces mides y profundizas.

Checklist rápida del paso 5

ComprobaciónQué preguntarte
Duración¿El QRS mide menos de 120 ms?
Anchura¿Parece estrecho o ancho?
Morfología¿Los complejos tienen un aspecto coherente?
V1¿Predomina la parte negativa?
Transición¿La R y la S se equilibran aproximadamente en V3–V4?
V5–V6¿Predomina la parte positiva?
Progresión¿La R aumenta de forma razonable de V1 a V6?

No leas seis derivaciones sueltas: sigue una historia

Esta es probablemente la idea más útil de todo el paso.

No necesitas aprender de memoria seis formas distintas del QRS. Lo importante es reconocer una evolución: empiezas en V1 con un complejo habitualmente más negativo, avanzas hacia una zona de transición y terminas en V5–V6 con complejos más positivos.

Cuando ves esa historia completa, detectar lo anómalo resulta mucho más fácil.

Si quieres revisar el paso anterior, puedes volver a cómo analizar la onda P y el intervalo PR. También puedes regresar al método completo de 8 pasos para leer un ECG.

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El siguiente paso

Ya hemos seguido la activación auricular, el paso del impulso hacia los ventrículos y la despolarización ventricular.

Ahora toca mirar qué ocurre después.

En el paso 6 entraremos en el segmento ST y la onda T, dos partes del ECG que suelen llamar mucho la atención, pero que también conviene leer con orden y contexto.

Método de 8 pasos · Paso 5 de 8


Nota educativa. Este contenido tiene finalidad educativa y está dirigido principalmente a estudiantes y profesionales sanitarios. La interpretación del ECG debe integrarse con la situación clínica del paciente y no sustituye la valoración profesional, los protocolos asistenciales ni las guías clínicas vigentes.

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